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Los 9 Ciclos NUMEROLÓGICOS del SER HUMANO

Samira Helo Helo

Desde que nacemos y hasta el momento de nuestra muerte, la Numerología influye notoriamente en nosotros.

Así como todos los seres humanos, a la luz de la Numerología y de acuerdo con nuestra vibración de nacimiento pasamos por 9 ciclos anuales que nos permiten vislumbrar la tendencia de cada año de la existencia, también pasamos por 9 ciclos de 9 años cada uno que nos marca con la influencia de las características del número que rige cada uno de estos ciclos. Veamos:

El primer ciclo, influenciado por las características del número 1, cubre desde el nacimiento hasta la edad de 9 años, es el Ciclo de la «Siembra». Y así es efectivamente. Todos los niños hasta la edad de nueve años, son terreno fértil que acepta todo tipo de semillas. En lenguaje exotérico (no esotérico) en los primeros nueve años aprovechamos para inculcar en los niños los valores y principios que creemos les servirán para crecer como seres íntegros, seres de bien. Literalmente «sembramos» en ese maravilloso terreno fértil lo que a nuestro juicio puede ayudarlos a ser mejores seres humanos. Claro que hay otras siembras en ellos; por ejemplo la influencia del medio ambiente, el colegio, la televisión, las imágenes, etc. En este periodo de tiempo los niños son permeables a todo tipo de información y datos que reciben.

El segundo ciclo abarca de los 9 a los 18 años. Determinado por las características del número 2, es el Ciclo de la «Germinación». Como su nombre lo indica, lo que hemos sembrado en los niños empieza a germinar. Y aquí empieza la selección: germina la semilla que ha sido sembrada más profundamente, ya sea buena o mala. Es indispensable que el adulto que permanece cerca de los niños sea conciente de la RESPONSABILIDAD que tiene en el tipo de semilla que siembra en los niños. ¿Que cómo sabemos qué tan profunda queda sembrada la semilla que va a germinar? entre más repetitivo sea un mensaje, un valor, o una actuación más profundo queda sembrado en estos niños. De allí la importancia de ser claros y consecuentes en nuestra interacción con los niños pues de nuestra actitud y responsabilidad depende que las semillas que germinen en ellos sean de principios y valores. En el ciclo de «Germinación» aparece  la individualidad: así como germinan unas semillas y otras no, el niño de 9 a 18 años ya empieza a aceptar lo que cree que le conviene y a rechazar lo que cree que no le conviene ya no acepta que lo «rasen» para hacerlo idéntico a otros niños y empieza a adquirir comportamientos y actitudes que lo diferencien de los demás. Aquí empieza a percibirse como un ser único e irrepetible. Es la época en que se manifiesta la rebeldía.

El tercer ciclo abarca de los 18 a los 27 años. Lo rige el número 3. Es el Ciclo del «Crecimiento». Efectivamente esos niños y luego adolescentes, ya «crecieron» están en una época de expansión, generalmente amplían su visión y conocimientos en la Universidad y simultáneamente están experimentando las maravillas del amor romántico. Es una época de diversión, de goce, donde  aprenden muchísimo pero generalmente no han adquirido grandes responsabilidades. Indudablemente es el mejor ciclo por el que pasamos la mayoría de los seres humanos. Es el periodo en que nos sentimos invencibles e inmortales y hacemos uso y abuso de cuanta experiencia nos ofrezca la vida

El cuarto ciclo comprende de los 27 a los 36 años. Es el Ciclo del «Control de Plagas» y está regido por las características del número 4. En este ciclo hay que «sentar cabeza» ya los jóvenes se ven abocados a enfrentar el mundo laboral, entran a competir en el mercado para hacerse un lugar en la sociedad y tienen que buscar la estabilidad económica. Se presentan obstáculos, a veces no se consigue lo que se quiere tan rápidamente como se espera, es la época de las hipotecas para conseguir “casa, carro y beca” y empiezan a gestarse los primeros síntomas de enfermedad laboral: colon irritable, sobrepeso, adicción al alcohol, etc. Definitivamente es una época de “Control de Plagas”, marcada por la necesidad de la estabilidad económica.

El quinto ciclo, que cubre desde los 36 a los 45 años. Es el ciclo de las “Segundas Oportunidades” o la “Resiembra”. Posee toda la energía del número 5. En este periodo, generalmente ya hemos logrado ubicarnos en el ámbito profesional, ya sabemos qué talentos poseemos y cómo utilizarlos y nos aventuramos a diversificar las actividades. Algunas veces hay cambios  de trabajo buscando mejores oportunidades, otras veces arriesgamos dinero en actividades o negocios diferentes al habitual y otras veces somos objeto de ascensos o reconocimientos. Es una época de mucha actividad.

El sexto ciclo abarca el periodo comprendido entre los 45 y 54 años de edad. Este ciclo, influenciado por las características del número 6 se denomina como el ciclo de los “Altibajos”. En este periodo empiezan a manifestarse algunas dolencias físicas como la hipercolesterolemia, la hipertensión arterial, problemas de sobrepeso o de obesidad y las visitas al médico se hacen más frecuentes. Simultáneamente y también por la influencia del número 6, los ojos miran más los valores familiares y las tradiciones. Se afianzan los lazos con la pareja y los hijos, hay acercamiento con los padres o los hermanos y se valora más la estabilidad del hogar. Es un ciclo marcado por la emotividad y la preocupación por la salud.

El séptimo ciclo que comprende desde los 54 años hasta los 63 es el Ciclo de la “Reflexión” y el “Prestigio”. Fuertemente influenciado por el número 7, este ciclo favorece la introspección. En esta época los seres humanos, empiezan a evaluar lo que han hecho en sus vidas, aprecian los momentos de soledad que les permite mirar qué han hecho bien y qué han hecho mal y de alguna manera, ya sea explícita o tácitamente, se reconcilian con la vida y aprenden a llevar y a aceptar más serenamente todo lo sucedido y lo que ha de suceder. En pocas palabras, adquieren Sabiduría. Por otro lado, en esta época suelen ser reconocidos por su experiencia y sus conocimientos y no es raro que sean objeto de homenajes. Generalmente gozan de respeto y son consultados para que den su opinión o su consejo ya sea en situaciones referentes a su experiencia profesional o a su visión en asuntos emocionales, familiares  o espirituales.  Sin embargo, puede suceder que en este periodo se presenten momentos de depresión por lo cual es importante que busquen estar más cerca de los seres queridos. Pues en este estado de ánimo la soledad, que en otros momentos les permitió la introspección, ahora puede ser  mala consejera.

El octavo ciclo llamado el Ciclo de la “Cosecha” va desde los 63 años hasta los 72. Está marcado por la fuerza del número 8 y así como todos, de acuerdo con nuestra vibración de nacimiento vivimos cada 9 años nuestro año “kármico”, o año de cosecha o de recompensa. En este octavo ciclo los seres humanos empiezan a ver los resultados de todo lo que han hecho en los ciclos anteriores. Si lo realizado en los ciclos anteriores ha estado sustentado en buenas bases, este ciclo es un ciclo de recompensas merecidas. Es el ciclo de la Jubilación y del retiro y puede ser gozado o sufrido, según lo que se haya construido en los ciclos anteriores. Por esta razón se llama el ciclo del Karma donde lo cosechado es lo merecido en estricta justicia.

El Noveno ciclo es el ciclo de la “Esterilidad” y cubre de los 72 a los 81 años. Influenciado por el número 9 es el ciclo de la “consumación” Ya todo esta hecho, ya es poco lo que podemos iniciar y si en este periodo iniciáramos nuevas siembras, pocas cosas podrían germinar. Sin embargo es un periodo para poner en orden el resto de vida que nos queda, desechando todo aquello que no nos sirva para nuestra tranquilidad y conservando todo lo que nos haga más placentera la existencia. Para algunos es un periodo duro, donde no encajan en el esquema de los demás y la tranquilidad y bienestar de su existencia depende de cómo ha construido su relación con la familia y los seres queridos en los ciclos anteriores. Sin embargo su experiencia y conocimientos les pueden servir para abonar los proyectos de otras personas y enriquecen notoriamente los valores, sentimientos y existencia de las personas cercanas que valoran y se alimentan de las historias, anécdotas y experiencias de los que están pasando por este ciclo.

 

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