

Luis Ospina
Hay una necesidad imperiosa de recuperar la conciencia de que las ciudades son más vastas y más ricas de lo que nos quiere hacer creer la colorida comparsa del mundo contemporáneo, que habla y se mueve como un fantasma disfrazado de posmoderno.
Las ciudades son asuntos de siglos. Los amigos también. Vistas en su justa medida, las ciudades son espacios privilegiados para comprender los diversos modos de socialización e interacción humana, las identidades colectivas, los modos de ser y de comportarse de los próximos, de los prójimos, las imaginaciones y expresiones, la producción de las simbologías.
Cristalizar un ya viejo sueño de entender las infinitas maneras de cómo se han venido construyendo las ciudades a partir de las relaciones con los amigos es un propósito loable. Los amigos permiten reconocer los ejemplos de convivencia de las personas que piensan y actúan diferente; oír las músicas que se niegan a abandonarse; mirar en detalle la construcción física de la gramática arquitectónica; leer las literaturas que no pretenden abrirse camino por medio de concursos publicitarios y que no le hacen el juego a las leyes del mercado.
Con los amigos se puede aprender la pluralidad de las religiones que transitan por las calles de las ciudades; apreciar en detalle las artes plásticas que no se sienten obligadas a dejarse colar en el filtro de las galerías extrañamente publicitadas.
Con los amigos es posible disfrutar de los juegos laberínticos de la conversación, buscando entender este vasto tejido social citadino que se vuelve complejo, intencional, fluido, vital, poderoso, híbrido.
Al conversar con los amigos se siente, se piensa y se comprende la ciudad. Hemos llegado a la mayoría de edad, ya superamos los 50, y le dijimos adiós a este maravilloso mundo de la adolescencia, cuando nos creíamos conquistadores y evangelizadores de la vida; cuando éramos dueños de nuestras propias erecciones, sin duda admirables, pero quizás no menos incluyentes de la belleza y de la justicia.
Desde este rincón humano hacemos amigos porque en esta ciudad, en este territorio hemos pretendido construir paraísos terrenales. Nos importa el destino de la ciudad. Y por eso somos autores de este destino nuestro, tan de todos.
Con los amigos… todo.
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Destacado
Con los amigos es posible disfrutar de los juegos
laberínticos de la conversación, buscando entender
este vasto tejido social citadino que se vuelve
complejo, intencional, fluido, vital, poderoso, híbrido.