Mayores de 50, más razonables, más humanos
07/08/2020
Elevando Con-Ciencia- El poder de la RISA
07/08/2020

Por Luis Alejandro Arango García, Psicólogo

Nuestra conciencia y razón son un pequeño barco en el amplio e impredecible Mar de las emociones y sentimientos.

Muchas veces en nuestra vida hemos querido cambiar y mejorar  nuestros hábitos sedentarios y poco saludables (como fumar, hacer pereza sin actividad física regular, estrés desadaptativo, comida chatarra, licor), pero hay una fuerza mayor que nos lo impide. No sabemos de dónde viene, solo sabemos que es más fuerte  que nosotros y que nos impulsa a actuar de determinadas maneras no siempre acordes con nuestros planes  y proyectos de estilos de vida saludable que nos recomiendan o que anhelamos manifestar. Por momentos parece que tuviéramos un saboteador interno que nos impide alcanzar las metas proyectadas en las dietas, la práctica de nuevos deportes, rutinas de gimnasio, autocontrol emocional y abandono de cigarrillo. Después de un año de desproporciones contra la salud, enredados con la culpa de los kilos de más, mareos, problemas de respiración o triglicéridos y otros excesos, caemos en las promesas optimistas  de fin de año. Para rápidamente cerrar el círculo con la fractura y frustración de las mejores intenciones y deseos en el mes de enero, dando inicio a otro viejo ciclo de desenfreno con aplazamiento de los cambios otro año más. O en el peor escenario, hasta que alguien nos regaña o asusta con un diagnóstico macabro sobre nuestra salud futura.

Esta fuerza emocional, como la del mar, es una corriente que atraviesa nuestro cerebro y todos nuestros procesos de pensamiento y acción, salud y enfermedad. Desde el barco podemos guiar la ruta de nuestra vida, como con la razón lideramos nuestra conducta, pero si no tenemos en cuenta el poder del océano emocional terminaremos navegando en aguas que no son de nuestro agrado (obesidad, diabetes, problemas cardiovasculares, irritabilidad, ansiedad, depresión).

Esa fractura milenaria y maniquea, creada artificialmente por la filosofía, entre razón y emoción no ha hecho sino que desatendamos los procesos emocionales involucrados en cada uno de los contextos importantes de nuestra vida, como la educación, el trabajo, la familia, las relaciones sociales y hasta la política. Creemos que tenemos el poder de controlar todo con el pensamiento, y esto se refleja en la manera como hablamos sobre la salud, desde arriba e intelectualmente. Sabemos y hablamos con sabiduría de las malas consecuencias sobre la salud del cigarrillo, el exceso de grasa y azúcar, la falta de ejercicio, el inadecuado manejo del estrés  y otros muchos riesgos pero al momento de cambiarlos nos sentimos como que hablamos mucho y no se modifica nada. ¿Por qué?

Cuando descuidamos las fuerzas sentimentales y emocionales que nos acompañan momento a momento  en nuestra convivencia con el mundo, estamos olvidando (sin que ellas se olviden de nosotros)  las olas del mar que nos pueden hacer naufragar y que lo hacen de hecho muchas veces a lo largo de nuestra corta e inestable vida. En cuantas situaciones nos hubiera gustado dialogar y llevar a buen término un conflicto con un ser querido, para terminar siendo dominados por una ira intensa que no permite que salga lo mejor de nosotros sino el diablo mismo, pasando a maltratar verbal e impulsivamente al otro para luego arrepentirnos por no haber seguido el pensamiento racional y los valores más elevados.  

Muchos traumas o experiencias perturbadoras de nuestro pasado continúan pasando factura emocional al presente, limitando nuestra capacidad de apertura y de respiración en el aquí y ahora por estar atrancados en el allá y entonces. Y esta factura y bloqueos emotivos no se pagan o liberan con buenas intenciones ni con los consejos más cariñosos y expertos. Rencores, resentimientos, odios, tristezas, temores, culpas, vergüenzas, la lista es larga. Nuestra capacidad limitada de energía para afrontar los desafíos actuales se desangra en el intento de control de todos estos malestares emocionales acumulados.

Para alcanzar estilos de vida saludables es fundamental trabajar con nuestras emociones relacionadas con el  pasado, presente y futuro. El trabajo es conocerlas, integrarlas y elaborarlas para que fortalezcan la unidad de la personalidad y no queden como enemigas escondidas al acecho de nuestras mejores intenciones. El desafío de la psicoprofilaxis emocional es un reto para la salud de la sociedad entera hacia el futuro, para prevenir las guerras o dolores provenientes del mal manejo que les hemos dado históricamente tanto en lo personal como en lo social.

Para alcanzar buenos niveles de bienestar en esta vida pasajera y muchas veces precaria es fundamental que conozcamos y sepamos gestionar el procesamiento emocional y sentimental que ocurre de forma permanente en nuestro interior ante los permanentes retos vitales. ¿De que me sirve toda ventaja material si me encuentro emocionalmente en bancarrota? ¿Acaso la felicidad no la encontramos en la manera como nos sentimos finalmente?

No darle importancia a nuestro mundo emocional es fragmentar al ser humano y creer que nuestro barco de decisiones flota en el vacío reflexivo de un intelecto todopoderoso más que ser sostenido por un mar de sentimientos y ambivalencias con sus diferentes e intensos oleajes que necesitan ser reconocidos para llegar sanos y salvos al puerto de nuestra Salud. Navegar con el Mar más que controlar el Mar es una buena consigna para el futuro.

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