Poetas del Mundo
15/07/2020
¿Cómo vamos a globalizar el alma?
15/07/2020

¿Qué es el amor? La respuesta a esta pregunta está contenida en millones y millones de volúmenes que se han escrito, desde la antigüedad, tratando de descifrar este enigma. Dicen los libros sagrados de nuestra religión que Dios es amor; y el mandamiento principal que nos enseñó Jesús fue “amaos los unos a los otros como yo os he amado”. El amor ha servido de inspiración para muchos artistas, especialmente músicos, poetas y pintores. Grandes obras de la literatura han perpetuado amores de parejas que hoy son famosos: Efraín y María, un amor inconcluso y desdichado; amores trágicos como Abelardo – Eloísa y Romeo –  Julieta; Dante y Beatriz, un amor platónico; París y Helena, amor mitológico que causó una larga guerra.

En el colegio San Luis Gonzaga, mi colegio, tuve como profesor a un sacerdote jesuita, el padre Carlos Vásquez, que un día me contó esta historia que memoricé para siempre. Una vez una alumna le preguntó: Padre ¿qué es el amor? Y él le dijo que la respuesta se la daría al otro día. Como era músico, se la dio con una canción cuya letra dice: “Qué es el amor me dijiste, fijándote en mi,/es un sentimiento maravilloso,/es esencia del alma, es bendito por Dios,/es cuanto de bueno y santo, salga del corazón,/el amor no se explica, se siente,/se llora si el llora, y ríe con él,/no me explico el amor, ni me interesa,/sólo quiero que tú, que no sabes de amor,/me quieras.”

Se ha dicho que el amor mueve el mundo, pero no es así. A nivel macro al mundo lo mueven otros intereses: políticos, económicos, guerreristas, religiosos, deportivos. Y a nivel micro, individual, personal, no siempre nosotros le apostamos al amor. Cuando a veces hacemos una lista sobre los sueños y las metas que deseamos alcanzar, generalmente el amor no figura entre esas preferencias. Deseamos, por ejemplo, tener un buen empleo, una hermosa casa, una agradable finca, un cómodo carro. ¿Cuántos de nosotros, al hacer esta lista, colocamos el amor en primer lugar? Pues los invito, amables lectores, especialmente en esta época de Navidad, que le apostemos al amor. Que si ya tenemos uno, luchemos por conservarlo, por cultivarlo, para hacerlo sentir como la parte fundamental de nuestra existencia. La vida no es fácil, pero si tenemos a nuestro lado a alguien con nuestros mismos sueños y con nuestras mismas esperanzas, esa vida, por lo menos, será más llevadera y, seguramente, más fructífera. No les apostemos tanto a las cosas materiales, que de ellas nada nos llevaremos, ni tampoco son las que nos dan la verdadera felicidad. La felicidad está, lo repito, en apostarle al amor, en tenerlo como nuestra principal prioridad.  Apostarle al amor es decirle a nuestra pareja: bueno, quien da más en este amor; es manifestarle: hola, hoy no me has dado un beso, o no has tenido conmigo un detalle. Apostarle al amor es dedicarle, por ejemplo, un bolero que diga: “Porque un beso como el que me diste nunca me habían dado/y el sentir expresado en tus brazos nunca lo soñé,/una noche de luna en la playa nunca había pasado/despertándome cantos de amores al amanecer…”. Apostarle al amor es seguirle llevando, a la esposa, serenatas con canciones que digan: “Amo esos labios con que me bendices/tu cuerpo que me da calor y abrigo/amo tu risa frágil, amo tu cabello al viento y aun las penas pequeñas que me das si no te veo/tan sólo unos minutos que para mí son eternos”. Pero, apostarle al amor es también saber perdonar, es vivir ese amor sin egoísmos. Y lo más importante de esta actitud es que apostándole al amor, a ese amor humano, lo convertiremos, con el tiempo, en amor divino con sabor a eternidad. 

1 Comment

  1. Sara Osorio dice:

    Hola

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